Willkommen! and bienvenue! Welcome!…

He amado el cine desde que tengo uso de razón. Es algo sin lo que no sabría vivir. Ver películas, como ha quedado demostrado en algunas de ellas, no solo es el mejor entretenimiento para distraer un rato ocioso, sino una oportunidad de escapar de la gris cotidianeidad; una ventana abierta a un universo de infinitos aprendizajes, en el plano intelectual y emocional; una magnífica dispensa para meter la nariz en historias ajenas y la posibilidad de vivir otras vidas, poniéndonos en el lugar de sus protagonistas o tomando de ellos la inspiración; un billete en primera clase para todos los mundos (interiores y exteriores) conocidos y los que aún nos quedan por descubrir, incluso para aquellos que jamás conoceremos y con los que, sin embargo, el ingenio humano es capaz de fantasear.

Siendo un fenómeno cultural de nuestro tiempo, capaz de desbancar, en apenas un siglo, a otras expresiones artísticas para posicionarse, junto con la música, como el arte de mayor consumo masivo hoy a nivel mundial, el cine es aún mucho más. Forma parte de nuestra cultura, pero también de nuestro personal recorrido vital. ¿Quién no tiene una película favorita que sienta que forma parte de su vida? Dramas con los que se emocionó hasta la lágrima, comedias con las que casi se descoyunta de la risa, pelis de terror que le provocaron pesadillas, thrillers que le dejaron con la boca abierta, grandes historias que le hicieron soñar, indignarse, excitarse, amar… porque el cine es eso. Un chute de emoción. Y, si no es eso, no es nada. Si una película no consigue conmover en algún sentido al espectador no merece ser vista ni tampoco que se hable de ella.

Así que en este espacio solo vamos a hablar de películas que nos hagan sentir. Buenas, malas… Lo importante es que despierten en nosotros alguna inquietud, emoción o reflexión. Porque las historias de cine también valen para hacernos recapacitar.

Tomando prestadas las palabras que Ricardo Sánchez Ramos escribe en su blog Código Cine, este “puede ser una reflexión sobre la violencia (“La naranja mecánica”, 1971), o sobre la libertad (“Cadena perpetua”, 1994), o sobre el derecho a la vida (“Pena de muerte”, 1995), o sobre el horror (“Apocalypse Now!”, 1979), sobre la guerra (“La delgada línea roja”, 1998) o sobre lo azaroso de las relaciones humanas (“Manhattan”, 1979), etc. El cine puede ser un compromiso frente a la opresión, la injusticia, los reduccionismos simplistas, etc. Puede ser una obra de arte en sí misma o el más eficaz ejercicio empático para vivir en la piel de aquellos con quiénes apenas tenemos algo en común”.

En definitiva, el llamado séptimo arte es como la vida. Oxígeno para los pulmones, aliento para el alma y alimento para el intelecto. La materia de la que están hechos los sueños, como cantaba Luis Eduardo Aute (“Todo en la vida es cine y los sueños cine son”) y, a veces, toda una cura de realidad.

Os invito a conocer mi punto de vista sobre las películas y series que veo -desde ya advierto que soy una consumidora compulsiva- procurando trascender (sin dejar de valorar) su superficie, para ir en busca del mensaje esencial, como quien rastrea un tesoro escondido… porque ver es algo más que mirar.

En el blog

Nuevas entradas en tu correo